Sunday, 7 April 2019

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSE

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Antífona (para todos los días):

¡Oh feliz Varón, bienaventurado José!

A quién le fue concedido no sólo ver y oir al Hijo de Dios,

a quién muchos quisieron ver y no vieron , oir y no oyeron,

sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.

V: Rogad por nosotros bienaventurado San José.

R: Para que seamos dignos de alcanzar las

promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amen.


LOS SIETE DOMINGOS A SAN JOSE

Se rezan durante siete domingos consecutivos. Es conveniente comulgar cada domingo o por lo menos en el último. Para ganar las indulgencias que les están concedidas no se requiere fórmula especial.

El Papa Gregorio XVI fomentó la devoción de los siete domingos concediéndole muchas indulgencias; pero S. S. Pío IX les dio actualidad perenne no sólo con las indulgencias plenarias aplicables a los fíeles difuntos, sino con la manifestación de su deseo de que se acudiera a San José por medio de ellos, para aliviar la entonces aflictivo situación de la Iglesia universal. La devoción de los siete domingos ha obrado estupendos milagros en favor de quienes la practican. En materia de vocación dejan en el alma una paz singular y encienden una luz que disipa toda duda.



PRIMER DOMINGO

Por la señal, etc.

Se da principio rezando los siete dolores y gozos de San José.

Consideración sobre el 1er. dolor y gozo:

1. Dudas de San José

2. Gozo en la Manifestación del Misterio

1. En la plenitud de los tiempos realizó Dios el inefable misterio de la Encarnación de su Verbo divino. El prodigio se obró en el seno purísimo de María, Esposa de José; pero sin tener conocimiento de ello el Santo Patriarca. Este prodigio, como era natural, causó una grande turbación en el corazón de San José, quien conocía la pureza, la inocencia y el candor de su Santísima Esposa. El hecho fue para el corazón de San José desconcertante.

Para librarla de aquella situación embarazosa deliberó sobre la conveniencia de abandonar a su divina Esposa, dejando todo en manos de la Divina Providencia. El peso que sintió sobre sus hombros fue enorme y solamente su confianza, pudo sostenerlo.

2. Esta confianza en la Providencia lo hizo entregarse plácidamente al sueño, sin mayor turbación. Entonces el ángel del Señor se le apareció y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que se ha engendrado en su seno es obra del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús; pues El salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt. 1,20-21)

No hay palabra humana para describir la alegría inmensa que inundó el corazón de San José al serle revelado este misterio tan añorado por el pueblo de Dios. Entonces San José deslió su alma en una plegaria humilde, fervorosa y llena de agradecimiento.

Se hace la petición.

ORACION

Oh glorioso Patriarca San José no permitas que la turbación me aniquile, o que el dolor me triture. Para evitar este agobio te suplico me hagas ver siempre la Providencia de Dios en todos los acontecimientos de mi vida a fin de que los acepte siempre con alegría de hijo agradecido. Así sea.



SEGUNDO DOMINGO

Consideraciones sobre el 2do. dolor y gozo:

1.Pobreza del Nacimiento de Jesús.

2. Transformación de la Gruta

1. José acompañado de María fue a empadronarse a Belén, su tierra natal, para cumplir el decreto de César Augusto. Encontrándose ya en este lugar, María, que estaba encinta, vio llegársele la hora de dar a luz.

En estas circunstancias buscó José un albergue; pero todo empeño fue inútil ya que aparte de ser pobres, todos los sitios de descanso estaban ya ocupados. Se vio entonces obligado José a disponer para el nacimiento del Hijo de Dios, un establo abandonado, gruta que servía de refugio contra la intemperie a los animales.

En esta forma San José experimentó un profundo dolor al ver que el Señor de los cielos descendía tan bajo; al contemplar que el que se sienta en un trono de gloria, yacía reclinado en un pesebre y que sufría los rigores de la estación y experimentaba el frío y derramaba lágrimas, el que es la alegría de los cielos.

2. Pero un dolor tan agudo sirvió de molde a la inmensa alegría. Grande, en efecto, fue el gozo que sintió San José al ver con sus propios ojos al Hijo de Dios hecho hombre. Los ángeles bajaron del cielo posando sobre luminosas estrellas y cantando en la gruta: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".

Los inocentes y piadosos pastores llegaron a adorar al Hijo de Dios, reconociéndolo como su divino Salvador. Los Reyes Magos, guiados por una estrella, llegaron del lejano oriente para adorar a Jesús como Dios y rendirle vasallaje como a Rey. ¡Cuánto gozo para el corazón paternal del Señor San José!

Se hace la Petición

ORACION

¡Oh Padre mío, San José! al verte postrado ante Jesús, te reconozco como el Primer adorador del Verbo hecho carne.Comunícame tu espíritu de fe, a fin de que la humildad del Sagrario no mengüe mi firme creencia en la presencia de Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar; sino que, por el contrario, al palpar su anonadamiento, avive más mi amor hacia tan adorable misterio. Así sea.



TERCER DOMINGO

Consideraciones sobre el 3er. dolor y gozo:

1. Circuncisión del divino Niño.

2. Imposición del Nombre de Jesús.

1. La Circuncisión de Jesús fue una humillación y un dolor que se reflejó hondamente en el corazón de San José. Esta ceremonia suponía el pecado y al realizarse en Jesús parecía destruirse la santidad de la misma inocencia. Esto ocasionó a San José una gran pena, pues sabía que el Hijo de Dios era impecable.

Sin embargo, mayor fue su dolor al desgarrar las carnes tiernas y rosadas del divino Niño. El humilde Cordero dejo escapar un vagido y la sangre que brotó de su carne benditísima fue a mezclarse con las lágrimas que rebosaron de sus pupilas. Y el mayor calvario de San José estribó en que fue él mismo el instrumento de dolor, elegido por el Eterno Padre para este rito de la Circuncisión.

2. Pero si el dolor de San José ante la sangre derramada de Jesús fue grande, mayor, sin duda, fue su gozo al imponer el nombre de Jesús. Al pronunciar por vez primera este nombre los ángeles se postraron reverentes para adorarle; el demonio se vio constreñido a doblar la rodilla y todos los siglos se inclinaron ante la presencia de Jesús.

En ese momento una luz del futuro iluminó a San José para que contemplara el triunfo glorioso de este santo nombre que sería Iris de paz, hoguera de amor, promesa de perdón, anuncio de felicidad y bálsamo que curaría todos los males.

En esta forma comprendió San José que la sangre de Dios, que por su mano se había derramado, era el precio de nuestra salvación. .

Se hace la petición

ORACION

¡Oh grande y poderoso abogado de mi alma! Hazme, comprender por este dolor y gozo que si muchas veces parece que te complaces en mis dolores y sacrificios, no es porque sientas gozo en mis penalidades, sino porque sabes que por medio de ellas tengo oportunidad de hacer méritos para el cielo e imitar así mejor a tu divino Jesús para la salvación de mis hermanos. Así sea.



CUARTO DOMINGO

Consideraciones sobre el 4o. dolor y gozo

1. Profecía luctuosa de Simeón.

2. Gozo en el misterio que encierra.

1. La piedad de María y José fue singular. A los cuarenta días del nacimiento de Jesús lo llevan al Templo de Jerusalén para ofrecerlo al Eterno Padre. Es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo y que viene a ofrecerse como holocausto en el Altar del Templo. En ese momento el anciano Simeón, conducido por el Espíritu Santo, reconoció en aquel Niño al Salvador del Mundo. Lleno de gozo lo tomó entre sus brazos y después con voz temblorosa dijo a la Madre: "Mira, este niño que ves está destinado para ruina y resurrección de muchos en Israel y como signo de contradicción. Lo que será para ti misma una espada que atravesará tu alma". (Lc. 2,34).

Esta espada que hirió el corazón de María desgarró también el corazón de San José. Y si como esposo sufrió la pena de María, como Padre soportó también la pena de Jesús que sería centro de contradicción, objeto de persecución y víctima destinada al patíbulo infamante.

2. Pero a este lacerante dolor sucedió la más pura alegría. Un gran número de los hombres se salvará por la sangre derramada por el Cordero sin mancha. En el Arbol de la Cruz madurarán los frutos de la gracia, los dolores de María serán rocío fecundo para la floración de la Santidad.

Con estas consideraciones se llenó de gozo el corazón de San José, sobre todo al contemplar la glorificación de los dolores de Jesús y de María. ¡Qué satisfacción tan grande ante los triunfos de la Esposa y del Hijo!

Se hace la petición

ORACION

¡Oh gloriosísimo Protector de mi alma, te suplico encarecidamente que me hagas comprender la necesidad de tomar mi cruz y seguir tras las pisadas sangrantes del divino Redentor. Haz que muera al amor propio y a toda vanidad de la tierra, para que también logre ser, por mi espíritu de mortificación y sacrificio, la resurrección y salvación de muchos. Asi sea.



QUINTO DOMINGO

Consideraciones sobre el 5o. dolor y gozo:

1. Huída a Egipto.

2. Frutos de la presencia de Jesús.

1. De pronto el Arcángel San Gabriel apareció en sueños a San José y le dijo: "Levántate, toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto y estate allí hasta que yo te avise. Porque Herodes ha de buscar al Niño para matarle" (Mt.2,13)

¡Qué puñalada para el corazón de San José. El Mesías prometido había llegado al mundo para dar la vida a los hombres y éstos le buscan ya para darle muerte! No se trataba de un viaje, sino de una precipitada huida.

¡Dejar la Patria y lanzarse hacia un país idólatra y adverso al pueblo judío!, ¡Huir no él solo, sino en compañía de su esposa delicada y de Jesús tierno y débil! Y el viaje se hizo más doloroso por el temor de ser alcanzado por los esbirros del cruel Herodes.

2. Grande fue sin embargo el gozo de San José en medio de sus penas. El cielo le había ordenado huir a Egipto; pero le concedía la gracia de hacerlo con Jesús y María, cosa que significaba el destierro en su Patria. Y en el Paraíso ¿No había de estar agradecido al Padre por valerse de él, instrumento débil, para salvar de la muerte al Mesías prometido?

Además estaba seguro de que las lágrimas de Jesús y las privaciones de María fecundarían aquellas tierras de paganos para convertirlas en un Paraíso de Virtud y Santidad.

Se hace la Petición

ORACION

¡Oh queridísimo Padre mío, San José! humildemente postrado ante tu Imagen, te suplico me guardes paternalmente bajo los pliegues de tu manto a fin de que me vea libre de las acechanzas de los enemigos de mi eterna salvación.

Alcánzame del cielo la gracia de no perder jamás la amistad de Jesús y de María, para que mi destierro en este valle de lágrimas se convierta en un Paraíso anticipado. Así sea.



SEXTO DOMINGO

Consideraciones sobre el 6o. dolor y gozo:

1. Temor por el Reinado de Arquelao.

2. Gozos por el Retorno a Nazaret.

1. El aviso del ángel para emprender el viaje de regreso a la Patria bien amada fue un motivo de dolor para el corazón de San José, no solamente por lo pesado del viaje y la delicadeza de Jesús y de María, sino principalmente por que tenía conocimiento de que en la Judea reinaba Arquelao, hijo del Rey Herodes, y tan cruel como su Padre, entonces le asaltó un fuerte temor. ¿No querrá el tirano vengar en Jesús la desilusión sufrida por Herodes su Padre?. Todo era de temerse de la perfidia y crueldad de este soberano.

2. Sin embargo, la voz del ángel vino a calmar los temores de San José, infundiéndole una ¡limitada confianza en la Providencia del Padre. Ha de retirarse a la tierra de Galilea y ha de morar en la tranquila ciudad de Nazaret. ¡Qué gozo de cielo no siente el Santo Patriarca al tornar a su modesta casita!, ¡Qué grata compañía tendrá en Jesús y María al pasar el resto de sus días con ellos en la tranquilidad del hogar!

Se hace la petición

ORACION

¡Oh bondadosísimo Señor San José! quiero recordarte que al nombrarme Jesús hermano suyo, también comparte conmigo a un buen Padre como lo fuiste para tu divino Jesús. Líbrame de mis enemigos, consuélame en mis penas, sé mi fortaleza en mis debilidades y protégeme solícitamente sobre todo en el último instante de mi vida. Así sea.



SEPTIMO DOMÍNGO

Consideraciones para el 7o. dolor y gozo:

1. Dolor por la pérdida de Jesús en el Templo.

2. Gozo en su hallazgo.

1. Jesús, al cumplir la edad de doce años subió con María y José al Templo de Jerusalén para adorar al Padre en su Santuario en el día solemne de la Pascua. Terminadas las ceremonias y sin darse cuenta sus padres, quedó Jesús en Jerusalén. San José pensó entonces que Jesús estaba con María en el grupo de las mujeres y María creyó que se encontraba con José en el grupo de los hombres.

En el primer descanso de los grupos, los Santos Esposos se dieron cuenta de la ausencia de Jesús. ¡Oh cuán grande fue la angustiarte estos amantes corazones! Llenos de dolor y desolación lo buscaron inútilmente entre amigos y parientes. A todos preguntaban; mas las respuestas eran siempre negativas. Las noches las pasaban en la oración y los días en alarmante búsqueda. ¡Qué triste y qué hondo dolor se daba en el corazón de María y de José!.

2. Con los ojos llenos de lágrimas y al cumplirse el tercer día, María y José se dirigieron finalmente al templo de Jerusalén y al pasar por la amplia sala donde los doctores de la Ley explicaban las Escrituras, percibieron una suave voz; era la de Jesús. Penetraron a la sala y, en efecto, ahí lo vieron preguntando y contestando a los Maestros del Pueblo y siendo objeto de la admiración de los hombres.

María no pudo contenerse y después de complacerse en los misterios de Dios, le dijo: "Hijo, ¿por qué lo has hecho así con nosotros? Mira que tu padre y yo, llenos de dolor, te andábamos buscando". Y Él les respondió: ¿Cómo es que me buscabais?, ¿No sabéis que yo debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre? (Le. 2,48) Y entre los brazos de ambos esposos regresó Jesús a Nazaret, causando profunda alegría al corazón de sus padres. Allí se corrió el velo del silencio y la Trinidad de la tierra se envolvió en la luz de la felicidad en su modesto hogar.

Se hace la petición

ORACION

¡Oh glorioso Patriarca San José!, bien comprendo que tus grandes angustias y tus profundos dolores concurrieron maravillosamente para forjar la brillante corona que ostentas sobre tu frente. No quiero, bondadoso Padre mío, que ahuyentes de mí el dolor, sino que me des el espíritu de fe, de amor y de fortaleza para sobrellevar cristianamente las penalidades de esta vida y así hacer méritos para poder estar en tu compañía en el cielo por toda una eternidad dichosa. Así sea.

Friday, 5 April 2019

Devociones diarias a san jose con reflexiones para cada dia



Oración para ser rezada cada día después de la reflexión especial de cada día

Santísimo patriarca, San José, me regocijo por la gran dignidad a la que te criaron al ser padre adoptivo del Hijo de Dios, dotado de autoridad para mandarle a quien el cielo y la tierra obedezcan.

Mi santo patrón, ya que Jesús mismo te respetó y te sirvió como su padre, yo también deseo inscribirme en tu servicio. Te elijo, después de María, por mi principal defensor y protector. Prometo honrarte todos los días con una especial devoción, y cada día me pondré bajo tu protección.

Como disfrutaste de la dulce compañía de Jesús y María durante tu vida en la tierra, concédeme que pueda vivir cerca de ellos y nunca separarme de Dios al perder su gracia. Y como fuiste ayudado por Jesús y María en la hora de tu muerte, concédeme protección a la hora de mi muerte, para que, muriendo en tu presencia y en la de Jesús y María, pueda ir un día a agradecerte en el Paraíso. y en tu compañía alaba y ama a Dios por toda la eternidad. Amén.

San José, patrono de la Iglesia universal, nos protege. Protege a nuestro Santo Padre, al Papa, y a nuestra Madre, Santa Iglesia.



PRIMER DÍA
Dios, debido al gran amor que nos tiene, y su gran deseo de vernos salvos, nos ha dado, entre otros medios, la práctica de la devoción a los santos. Es su voluntad que ellos, quienes son sus amigos, deban interceder por nosotros, y por sus méritos y oraciones obtengan gracias para nosotros que nosotros mismos no merecemos.

Pero todos deben saber que, después de la Madre de Dios, San José es, de todos los Santos, el más querido para Dios. Él tiene, por lo tanto, un gran poder con Él y puede obtener gracias para Sus clientes devotos. Entonces digamos con frecuencia:

San José, dame la mayor confianza en tu poderosa intercesión.

SEGUNDO DÍA
Debemos, de hecho, honrar a San José, ya que el Hijo de Dios mismo se complació en honrarlo al llamarlo padre. "Cristo", dice Orígenes, "le dio a José el honor debido a un padre". Las Sagradas Escrituras hablan de él como el padre de Jesús. "Su padre y su madre se maravillaron con las cosas que se hablan acerca de Él" (Lucas 2:33). María también usó este nombre: "en pena tu padre y yo te hemos estado buscando" (Lucas 2:48). Si, entonces, el Rey de reyes se complació en elevar a José a una dignidad tan alta, es correcto y obligatorio de nuestra parte tratar de honrarlo tanto como podamos.

San José, me consagro para siempre a tu servicio. Protégeme todos los días de mi vida.

TERCER DÍA
El ejemplo de Jesucristo, que deseaba honrar tanto a San José y estar sujeto a él en la tierra, debería inflamar a todos con una ferviente devoción hacia este gran Santo. Desde que el Padre Eterno compartió Su propia autoridad con San José, Jesús siempre lo consideró como un padre, y lo respetó y obedeció durante treinta años. San Lucas dice que Él "estaba sujeto a ellos" (Lucas 2:51). Estas palabras significan que durante todo este tiempo la única ocupación del Redentor fue obedecer a María y José. A San José, como jefe de la pequeña familia, pertenecía el oficio de mandar, y a Jesús como sujeto, el deber de obediencia. Por lo tanto, un sabio autor ha dicho justamente: "Los hombres deben rendirle un gran honor a quien el Rey de Reyes deseaba elevar a tal altura".

San José, por la obediencia que Jesús te dio, hazme siempre obediente a la voluntad de Dios.

CUARTO DÍA
San Bernardo de Siena dice que debemos ser persuadidos de que Nuestro Señor, quien respetó a San José en la tierra como su padre, no le negará nada en el cielo; pero por el contrario, otorgará abundantemente Sus peticiones. Jesús mismo aconsejó a Santa Margarita de Cortona que abrigara una devoción especial por San José, y nunca permitiera que pasara un día sin rendirle homenaje a él como su padre adoptivo. No dejemos de recomendarnos cada día a San José y de pedirle las gracias.

San José, hazme fiel invocándote diariamente.

QUINTO DÍA
Todos los fieles deben estar dedicados a San José para obtener la gracia de una buena muerte, y esto por tres razones. 1. Porque Jesucristo lo amó no solo como amigo, sino como padre, y, por lo tanto, su intercesión es más poderosa que la de los otros Santos. 2. Porque Nuestro Señor, a cambio de haberlo salvado de Herodes, le ha dado a San José el privilegio especial de proteger a los moribundos contra las trampas del diablo. 3. Porque San José, que murió en compañía de Jesús y María, es el modelo de una muerte santa y puede obtener esta gracia para sus clientes.

San José, consigue para mí que, como tú, pueda morir en los brazos de Jesús y María.

SEXTO DÍA
Según San Juan Damasceno: "Dios le dio a San José el amor, el cuidado y la autoridad de un padre sobre Jesús. Él le dio el afecto de un padre para que lo cuidara con gran amor; la solicitud de un padre , para que él lo cuide con cuidado, y la autoridad de un padre para estar seguro de que se le obedecerá en todo lo que él haya dispuesto respecto a este Hijo ".

San José, sé siempre un padre para nosotros; y concede que podamos ser siempre tus hijos fieles.

SÉPTIMO DÍA
Cuando Dios, destina a cualquiera a un cargo en particular, le da las gracias que le convienen. Por lo tanto, dado que Dios eligió a San José para ocupar el cargo de padre sobre la persona del Verbo Encarnado, ciertamente debemos creer que le confirió toda la santidad que pertenecía a tal cargo. Gerson dice que, entre otros privilegios, José tenía tres que eran especiales para él. 1. Que fue santificado en el vientre de su madre, como Jeremías y San Juan Bautista. 2. Que al mismo tiempo se confirmó en gracia. 3. Que siempre estuvo exento de las inclinaciones de la concupiscencia ----- un privilegio con el que San José, por el mérito de su pureza, favorece a sus clientes devotos al liberarlos de los apetitos carnales.

San José, brillante luz de castidad, conserva en mí la virtud angelical.

Octavo dia
En los evangelios, san José se llama "justo". ¿Qué se entiende por un hombre justo? San Pedro Crisólogo dice: "Significa un hombre perfecto, uno que posee todas las virtudes". José ya era santo antes de su matrimonio; pero ¿cuánto debe haber aumentado su santidad después de su unión con la Santísima Virgen? El ejemplo de su santo esposo fue suficiente para santificarlo; y dado que María es la dispensadora de todas las gracias que Dios concede a los hombres, ¡en qué profusión no debe haberlos arrojado sobre su cónyuge, a quien amaba tanto y por quien era tan tiernamente amada!

San José, aumenta mi devoción a María.

Noveno dia
Los dos discípulos que iban a Emaús estaban inflamados de amor divino por los pocos momentos que pasaron en compañía de nuestro Salvador y por Sus palabras. Las llamas del amor santo no deben, entonces, haberse encendido en el corazón de San José, quien durante treinta años conversó con Jesucristo y escuchó Sus palabras de vida eterna; quien observó el ejemplo perfecto que Jesús dio de humildad y paciencia, y vio la prontitud con que lo obedeció y lo ayudó en sus labores, y todo lo que se necesitaba para la familia.

San José, inflama con el amor de Jesús.

Décimo día
San Pablo escribe que en la próxima vida Jesucristo "rendirá a cada hombre según sus obras" (Rom. 2: 6). ¡Qué gran gloria no podemos suponer que Él ha otorgado a San José, quien lo sirvió y lo amó tanto mientras vivió en la tierra! Nuestro Señor le ha prometido una recompensa a quien le da un vaso de agua fría a los pobres en Su nombre. ¿Cuál, entonces, debe ser la recompensa de San José, que puede decirle a Jesucristo: "No solo te proporcioné comida, morada y ropa, sino que te salvé de la muerte y te liberé de las manos de Herodes."

San José, aumenta nuestro celo por crecer en santidad por la esperanza de la recompensa eterna.

El día once
Debemos creer que la vida de San José, pasada en presencia de Jesús y María, fue una oración continua, abundante en actos de fe, confianza, amor, resignación y oblación. Dado que, entonces, la recompensa de los santos corresponde a sus méritos durante la vida, considera cuán grande debe ser la gloria de San José en el cielo. San Agustín compara a los otros santos con las estrellas, pero San José con el sol.

Es, entonces, muy razonable suponer que San José, después de María, supera a todos los demás Santos en mérito y gloria. El Venerable Bernardo de Bustis dice que cuando San José pide gracia a quienes le son devotos, sus oraciones tienen de cierta manera la fuerza de una orden con Jesús y María.

San José, obtén para nosotros un gran espíritu de oración.

Duodécimo día
Para probar el poder que San José posee en el Paraíso, San Bernardo de Siena escribe así: "No podemos dudar de que Cristo concede a San José, ahora que está en el Cielo, aún más perfectamente el respeto y la reverencia que Él pagó a Él en la tierra. Nuestro Señor, quien en la tierra veneró a San José como su padre, ciertamente no le negará nada de lo que pide en el cielo. Digámosle entonces con confianza:

San José, poderoso protector de las almas, guárdanos de todo pecado.
Treceavo dia
Oh gran San José, ya que Dios te ha servido, también deseo inscribirme en tu servicio. Deseo desde ahora servirte, honrarte y amarte. Tómame bajo tu protección y dispón de mí como quieras. Mi santo San José, ruega a Jesús por mí. Habiendo obedecido todos tus mandamientos en la tierra, Él nunca rechazará nada de lo que le pidas. Dile que me perdone las ofensas que he cometido contra él. Dile que me separe de las criaturas y de mí mismo. Pídele que me inflame con su santo amor.

San José, cuida de nosotros, tus hijos.

Decimoquinto dia
Santísimo patriarca, ahora que estás en un elevado trono en el cielo cerca de tu amado Jesús, que te sujetó en la tierra, ten piedad de mí, que estoy expuesto a los ataques de tantos enemigos, a los espíritus malignos y Pasiones que continuamente se esfuerzan por robarme la gracia de Dios. A través de la gracia que te es otorgada en la tierra de disfrutar de la sociedad continua de Jesús y María, obtén para mí la gracia de vivir durante los días restantes de mi vida unidos a Dios, al resistir los ataques del Infierno. Concédeme, también, que yo pueda morir con el amor de Jesús y María en mi corazón para que algún día pueda disfrutar contigo de su compañía en el reino de los cielos.

San José, concédeme el horror del pecado y la gracia de conquistar mis pasiones.

Décimo quinto dia
San Bernardo, hablando del poder de San José de dispensar gracias a sus siervos devotos, utiliza las siguientes palabras notables: "A algunos de los Santos se les otorga poder para ayudarnos en necesidades específicas; pero a San José se le otorga poder". para ayudar a todas las necesidades y para defender a todos aquellos que, con devoción, pueden recurrir a él ". Entonces, a menudo le decimos:

San José, ayúdanos cuando estamos en necesidad.

Dieciseisavo dia
Santa Teresa dice: "No recuerdo haberle pedido ningún favor a San José que él no le concedió. Un relato de las muchas gracias que Dios me ha otorgado, y de los peligros, corporales y espirituales, de los cuales Él Me ha liberado a través de este Santo. Me encantaría. El Señor parece haber dado poder a los demás Santos para ayudarnos en una sola necesidad, pero la experiencia demuestra que San José ayuda en todo. El Señor nos da a entender que, como Debía estar sujeto a San José en la tierra, así que en el cielo hace lo que el Santo le pide ".

San José, obtén para mí la gracia de la perseverancia en la oración.

Diecisiete dia
Santa Teresa también escribe: "Quisiera persuadir a todo el mundo para que se dedique a San José, porque tengo una larga experiencia de los grandes favores que él obtiene de Dios. Nunca he conocido ninguna alma especialmente dedicada a él que lo haya hecho. no siempre avanza en virtud. Pido, por el amor de Dios, que aquellos que no me creen, al menos hagan una prueba de esta devoción. No puedo creer que los favores no se otorguen a San José a cambio de la ayuda que él proporcionó. Dio en la tierra a Jesús y María ".

San José, patrón de la vida interior, me conduce a la perfección que Dios requiere de mí.

Décimo octavo día
Pidamos a San José la gracia de amar a nuestro Señor Jesucristo. Esta es la gracia particular que San José obtiene para aquellos que le son devotos: un amor tierno hacia el Verbo Encarnado. El Santo mereció el poder de otorgar esta gracia a sus siervos por el gran amor que él mismo llevó hacia Jesús mientras vivió en la tierra.

San José, hazme amar a Jesús con todo mi corazón.

Décimo noveno día
Cuando Jesús vivió en este mundo en la casa de San José, ¿podría un pecador que deseaba obtener el perdón de Nuestro Señor haber encontrado un medio más eficaz de obtener el perdón que a través de San José? Si, entonces, deseamos recibir el perdón de nuestros pecados, recurramos a San José, quien, ahora que está en el cielo, es más amado por Jesucristo de lo que fue amado por Él en la tierra.

San José, obtén de Jesús el perdón de mis pecados.
Duodécimo día
"Y José también se fue de Galilea de la ciudad de Nazaret a Judea a la ciudad de David, que se llama Belén" (Lucas 2: 4). En respuesta al decreto de César Augusto, San José hizo el largo viaje a través de las colinas de Galilea a Belén con María, quien llevaba bajo su corazón al Encarnado Hijo de Dios. Qué dulces conversaciones deben haber mantenido María y José en este viaje por la misericordia de Dios al enviar a Su Hijo al mundo para redimir a la raza humana, y al amor de este Hijo al venir a este valle de lágrimas para expiar por Su ¡El sufrimiento y la muerte por los pecados de los hombres!

San José, deseo pertenecer totalmente a ti, para que a través de ti pueda pertenecer enteramente a Jesús y María.

VIGÉSIMO PRIMER DÍA
"Y sucedió que mientras estaban allí, que se cumplieron los días para que ella fuera liberada. Ella dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo puso en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada "(Lucas 2: 6-7). ¡Qué grande debe haber sido el dolor de San José cuando no pudo encontrar refugio para María la noche del nacimiento de la Divina Palabra, y se vio obligado a llevarla a un establo! Cómo su corazón debió haber sido atravesado con angustia para ver a su santa esposa, que estaba embarazada, y cerca de la hora del parto, temblando de frío en esa cueva húmeda, que estaba abierta por todos lados.

Querido San José, a través del dolor que sentiste al ver la Palabra Divina nacida en un establo, tan pobre, sin fuego, sin ropa, y al escuchar los gritos causados ​​por el frío que lo afligió, te ruego que obtengas Yo un verdadero dolor por mis pecados, por el cual he sacado lágrimas de Jesús.

San José, penetra en mi corazón con arrepentimiento y obtén para mí la gracia de nunca volver a pecar.

VIGÉSIMO SEGUNDO DÍA
"Y ella dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo puso en un pesebre" (Lucas 2: 7). Qué grande debe haber sido la alegría de San José cuando escuchó a María llamándolo y diciendo "José, ven y adora a nuestro Dios infante, que acaba de nacer en esta cueva. Contempla lo hermoso que es. Mira al Rey de los mundo en este pesebre, en esta paja. Mira cómo Él, que hace arder a los serafines con amor, tiembla con frío. ¡Mira cómo llora el que es la alegría del paraíso! " Querido San José, a través del gozo que recibiste a primera vista del niño Jesús en la cuna, tan hermoso y encantador que desde ese momento tu corazón comenzó a latir con amor solo por Él, obtén para mí también la gracia de ame a Jesús con un amor ardiente en la tierra para que algún día pueda ir a disfrutarlo en el cielo.

San José, comparte conmigo un poco del ardiente amor que le tuviste a Jesús.

Veintitrés días
"Gloria a Dios en lo más alto y en la tierra paz entre los hombres de buena voluntad" (Lucas 2: 14). Considere cuán grande fue el amor y la ternura de San José cuando vio con sus propios ojos que el Hijo de Dios se convirtió en un infante; cuando escuchó a los ángeles cantar alrededor de su recién nacido Señor, y vio el establo lleno de luz. Arrodillándose y llorando de amor y compasión, José dijo: "Te adoro, sí, te adoro, mi Señor y mi Dios. ¿Qué tan grande es mi felicidad ser la primera, después de María, de verte nacida y saber eso? ¡En este mundo quieres ser llamado y reputado hijo mío! Permíteme también llamarte Hijo mío y decir: Dios mío y Hijo mío, a Ti consagro todo mi ser. Mi vida ya no será mía , pero será tuyo sin reservas! "

San José, concédeme que pueda pasar mi vida, como tú, en el servicio de Dios.

Veinticuatro cuarto dia
"Un ángel del Señor se le apareció en un sueño a José, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto" (Mateo 2:13). Considere la obediencia inmediata de San José, quien no planteó dudas sobre el momento del viaje, ni sobre la manera de viajar, ni sobre el lugar en Egipto en el que debían quedarse, sino que se preparó de inmediato para salir. Instantáneamente, le da a conocer a María el comando del ángel, y en la misma noche parte sin guía en un viaje de 400 millas a través de montañas, a través de caminos escarpados y desiertos.

Mi santo protector, obtén para mí la gracia de la perfecta obediencia a la voluntad divina.

VIGÉSIMO QUINTO DÍA
¡Cuánto debió haber sufrido San José en el viaje a Egipto al ver los sufrimientos de Jesús y María! Su comida debe haber sido un pedazo de pan duro. Podrían haber dormido solo en alguna choza pobre, o al aire libre. De hecho, José se conformó en todas las cosas a la voluntad del Padre Eterno, pero su corazón tierno y amoroso no pudo sino sentir dolor al ver al Hijo de Dios temblando y llorando por el frío y las otras dificultades que Él experimentó.

San José, obtén para mí la gracia de que en mi viaje a la eternidad nunca pierda la compañía de Jesús y María.
VIGÉSIMO SEXTO DÍA
"El niño Jesús se quedó en Jerusalén, y sus padres no lo sabían" (Lucas 2:43). ¡Qué grande fue el dolor de San José cuando Jesús se perdió en el templo! José estaba acostumbrado a disfrutar de la dulce presencia de su amado Salvador. Lo que, entonces, debe haber sido su dolor cuando se lo privó de ella durante tres días, sin saber si debería encontrar a Jesús y lo más doloroso de todos, sin saber por qué lo había perdido. Qué grande, por otra parte, fue la alegría de José cuando encontró a Jesús y se dio cuenta de que la ausencia del Niño no se debió a ninguna negligencia de su parte, sino a un celo por la gloria del Padre.

San José, a través de los méritos de los dolores que sufriste al perder a Jesús, obtén para mí lágrimas para llorar siempre por mis pecados.

VIGÉSIMO SÉPTIMO DÍA
"Bajó con ellos y vino a Nazaret, y estaba sujeto a ellos" (Lucas 2:51). Reflexiona sobre la vida santa que José llevó en compañía de Jesús y María. En esa familia no había ningún negocio excepto aquello que tendía a la mayor gloria de Dios; no había pensamientos ni deseos, excepto el pensamiento y el deseo de agradar a Dios; no hubo discursos excepto sobre el amor que los hombres deben a Dios, y que Dios ha mostrado a los hombres, especialmente al enviar a su Hijo unigénito al mundo para que sufra y termine su vida en un mar de tristezas e insultos para la salvación de Dios humanidad.

San José, a través de las lágrimas que derramaste al contemplar la futura pasión de Jesús, obtén para mí un recuerdo continuo del sufrimiento de mi Redentor.

Vigésimo octavo día
Considera el amor que San José dio a María, su santa esposa. Ella era la más hermosa de todas las mujeres. Ella era más humilde, más dócil, más pura, más obediente, más inflamada con el amor de Dios, que todos los Ángeles y que todos los hombres que han sido o serán creados. Por lo tanto, ella mereció todo su amor. Agregue a esto su comprensión del amor que ella tuvo por él, y el hecho de que Dios la había elegido como Su amada Madre.

San José, obtén para mí un gran amor por María, tu santísima esposa.

Veinticinco dia
Considera el amor que José dio a Jesús. Este amor no era puramente humano. como el amor de otros padres, pero sobrehumano; porque amaba a Jesús no solo como su hijo sino también como su Dios. José supo por el Ángel que su hijo era la Palabra Divina que se había convertido en hombre para salvar a la humanidad. También se dio cuenta de que él mismo había sido elegido entre todos los hombres para ser el protector y guardián de este Divino Infante. Lo que una llama de amor santo debe haber sido encendida en el corazón de José al reflexionar sobre todas estas cosas, y al ver a su Señor obedecerle como a un niño pequeño, abrir y cerrar la puerta, ayudarlo a ver o ¡Al avión, recogiendo fragmentos de madera, o barriendo la casa!

San José, quita de mi corazón todo lo que podría ser un obstáculo para el amor de Dios.

Trece dias
"Preciosa a los ojos del Señor es la muerte de Sus fieles" (Sal. 115: 6). Después de haber servido fielmente a Jesús y María, San José llegó al final de su vida en la casa de Nazaret. Allí, rodeado de ángeles, asistido por Jesucristo, el rey de los ángeles, y por María, su esposa, quien se colocó a cada lado de su pobre cama, llena de la paz del Paraíso, se apartó de esta vida miserable. ¿Quién podrá entender la dulzura, el consuelo, la bendita esperanza, los actos de resignación, las llamas de la caridad que las palabras de la vida eterna que vienen alternativamente de los labios de Jesús y María, respiraron en el alma de José en el momento? fin de su vida?

San José, dame paz y resignación a la voluntad de Dios a la hora de mi muerte.

TRIGÉSIMO PRIMER DÍA
Grande, de hecho, será el consuelo de aquellos que, a la hora de la muerte, estarán protegidos por San José. Porque este gran Santo ha recibido del poder de Dios para mandar a los demonios y expulsarlos, menos tientan a sus siervos en sus momentos de muerte. Feliz es el alma a la que asistirá este gran defensor, quien, a causa de haber muerto con la asistencia de Jesús y María, y por haber preservado al niño Jesús del peligro de muerte por su vuelo a Egipto, ha recibido la privilegio de ser el patrón de una buena muerte y de liberar a sus clientes del peligro de la muerte eterna.

San José, defiéndeme de los ataques de los demonios en el último momento de mi vida.

Letanía a san jospeh
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros

Cristo, escúchanos
Cristo, escúchanos

Dios, Padre del cielo, ten piedad de nosotros.
Dios, el Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros
San José, ruega por nosotros

Bendito hijo de David, ruega por nosotros.
Luz de los patriarcas, ruega por nosotros.
Esposa de la Madre de Dios, ruega por nosotros.
Casto custodio de la Santísima Virgen María, ruega por nosotros.
Guardián del Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Defensor del Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Defensor de Cristo, ruega por nosotros.
Cabeza de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.

Oh José, el más justo, ruega por nosotros.
Oh José, la mayoría persigue, ruega por nosotros.
Oh José, el más prudente, ruega por nosotros.
Oh José, el más enérgico, ruega por nosotros.
Oh José, el más Obediente, ruega por nosotros.
Oh José, el más fiel, ruega por nosotros.

Espejo de la paciencia, ruega por nosotros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Modelo de obreros, ruega por nosotros.
Patriarca del hogar, ruega por nosotros.
Protector de vírgenes, ruega por nosotros.
La fuerza de la familia, ruega por nosotros.
Consolador de los afligidos, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.
Patrona de los moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Protector de la Iglesia, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, tú que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, tú que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor,
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.

Oración
Señor Jesús, a través de los méritos de la esposa devota de Tu Santísima Madre, ayúdanos, te suplicamos que lo que no podemos obtener para nosotros mismos se pueda otorgar por intercesión del Santísimo Patriarca, San José. Tú que reinas con Dios, el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, ahora y por siempre. Amén

Oración a San José
Oh San José, cuya protección es tan grande, tan fuerte, tan rápida ante el trono de Dios, pongo en ti todos mis intereses y deseos. Oh San José, ayúdame con tu poderosa intercesión, y obtén para mí de tu Hijo divino todas las bendiciones espirituales, a través de Jesucristo, nuestro Señor. De modo que, habiendo ocupado aquí debajo de tu poder celestial, puedo ofrecer mi acción de gracias y un homenaje a los Padres más amorosos. Oh, San José, nunca me canso de contemplarte, y Jesús duerme en tus brazos; No me atrevo a acercarme mientras Él reposa cerca de tu corazón. Presionémoslo en mi nombre y besé su fina cabeza por mí; y pídale que le devuelva el beso cuando saque mi último suspiro. San José, patrón de las almas que se van, ruega por mí. Amén.

(Se dice que esta oración se encontró en el quincuagésimo año de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo).

San José, patrono de la Iglesia universal, nos protege. Protege a nuestro Santo Padre, al Papa, y a nuestra Madre, Santa Iglesia.

Por San Alfonso Liguori, adaptado por Hugh J. O'Connell, C.SS.R.
Gracias a: los Padres Redentoristas San Luis