Thursday, 29 November 2018

CORONILLA A LAS VIRTUDES DE SAN JOSÉ

Esposo de María y Padre Virginal de Jesús. Un escogido por Dios.


  • El primer Santo antes de todos los Santos.
  • El Santo del silencio.
  • El protector de la Iglesia Universal.
  • El Patrono de las familias.
  • El patrono de los seminarios.
  • El Patrono de los trabajadores.
  • El Patrono de la Buena Muerte.

Por la señal de La Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios Nuestro. En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración:
Oh San José que con amor trabajaste la madera en esta vida, vida pasajera, para tu familia el pan de cada día proveer. Ahora Oh San José, en el Cielo con Cristo, que extendido en el madero en el que dio vida eterna al hombre, enséñanos a reconocer en el quehacer de cada día el camino hacia Dios. Amén.
PRIMERA VIRTUD DE SAN JOSÉPor el tiempo que a María esperaste, danos la virtud del Silencio para pacientemente esperar, esto es danos la paz. Padrenuestro, 5 Avemarías, un Gloria y la jaculatoria: Amado San José, haz crecer en mí la fe que en ella buscaré el amor, la esperanza y la caridad. Amén.
SEGUNDA VIRTUD DE SAN JOSÉPor aceptar en castidad para María desposar, danos la virtud para vivir en pureza y castidad. Padrenuestro, 5 Avemarías, un Gloria y la jaculatoria: Amado San José, haz crecer en mí la fe que en ella buscaré el amor, la esperanza y la caridad. Amén.
TERCERA VIRTUD DE SAN JOSÉPor aceptar la paternidad de Jesús, danos la virtud para sólo hacer la voluntad de Dios. Padrenuestro, 5 Avemarías, un Gloria y la jaculatoria: Amado San José, haz crecer en mí la fe que en ella buscaré el amor, la esperanza y la caridad. Amén.
CUARTA VIRTUD DE SAN JOSÉPor el día que dejaste todo para tu Hijo salvar, danos la virtud para cumplir lo que Dios pida y vivir como Tú: en Santa Obediencia. Padrenuestro, 5 Avemarías, un Gloria y la jaculatoria: Amado San José, haz crecer en mí la fe que en ella buscaré el amor, la esperanza y la caridad. Amén.
QUINTA VIRTUD DE SAN JOSÉPor el día que encontraste y callaste al ver a Tu Hijo hablando con Sabiduría, danos la virtud de callar y aprender a escuchar al que en Nombre de Dios habla. Padrenuestro, 5 Avemarías, un Gloria y la jaculatoria: Amado San José, haz crecer en mí la fe que en ella buscaré el amor, la esperanza y la caridad. Amén.
Oración
Tú San José, Protector de la Iglesia Universal, Patrono de las familias, patrono de los seminarios, patrono de los trabajadores, defensor de la niñez y guardián de las madres, ayúdanos para recibir la gracia y alcanzar así las virtudes gloriosas de tu corazón en la castidad, en la prudencia, en la justicia y en la humildad. Amén.

San José patrono de la Familia y de la Iglesia Universal.

Por amor de Dios Padre, Tú San José, has sido llamado papá de Jesús y unido a la maternidad espiritual de María, ahora también papá nuestro. A ti consagramos nuestra vida y la misión que Dios nos ha encomendado. Te pedimos que intercedas por nosotros ante el Señor, que intercedas por la Santa Iglesia para su salvación, que intercedas en nuestra oración y la lleves a Dios. Oh San José, esposo de María, casto, justo, prudente y humilde, haz que estas virtudes gloriosas, afloren en nuestro espíritu, y para Gloria de Dios, en el mundo. Haznos dulces y dóciles, tiernos y mansos, con nuestros padres, hijos, familia, hermanos y sobre todo con nuestro prójimo, dejando que Dios sea en nosotros y nosotros en Él, que Todopoderoso es. Amado San José enséñanos a desaparecer y a renunciar a mí mismo, como Tú que estás presente pero en Ti es solo el Espíritu Divino el que permanece y Tú desapareces en el silencio del amor.

Ruega para que en la presencia del Espíritu Santo, reconozcamos que sin Dios nada somos y nada podemos; ruega para que Dios obre en nuestro corazón como el tuyo; ruega para que desaparezca nuestra pequeñez y aparezca tu grandeza, al reconocer nuestra debilidad en presencia de Su amor. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio ahora y siempre por los siglos. Amén.
Ofrecemos al Padre Todopoderoso: por el Santo Papa Francisco y sus sacerdotes para que nos conduzcan al Triunfo del Inmaculado Corazón de María y del Sagrado Corazón de Jesús: un Padre Nuestro, 3 Avemarías y un Gloria.

San José, Patrono de la Buena Muerte.

Monday, 26 November 2018

Oficio de lectura San José, esposo de santa María Virgen











INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant Adoremos a Cristo, el Señor, en esta solemnidad de
san José. 


HIMNO

Custodio providente y fiel del Hijo,
amor junto al Amor doquier presente,
silencio del que ve la gloria inmensa
de Dios omnipotente.

Esposo enamorado de la Virgen,
la mente ante el misterio reclinabas,
rosal inmaculado que florece,
es obra del Señor a quien amabas.

Callada voluntad en Dios perdida,
amor hecho mirada de confianza,
fiel en el trabajo y en la prueba,
proveenos de amor y de esperanza.

Protege la asamblea de los justos,
reunidos en la fe, cuerpo de Cristo;
sé padre que nos lleve a nuetro Padre,
amor del gran Amor que nos da el Hijo. Amén.

SALMODIA

Ant. 1 Un ángel del Señor se apareció en sueños a José,
y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María
como esposa; dará a luz un Hijo y le llamarás Jesús."

- Salmo 20, 2-8. 14 -

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de intrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 Un ángel del Señor se apareció en sueños a José,
y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María
como esposa; dará a luz un Hijo y le llamarás Jesús."

Ant. 2 Al despertar José del sueño, hizo como le había
ordenado el ángel del Señor y llevó a María como esposa
a su casa.

Salmo 91
--I--

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 Al despertar José del sueño, hizo como le había
ordenado el ángel del Señor y llevó a María como esposa
a su casa.

Ant. 3 José subió de la ciudad de Nazaret a la ciudad
de David que se llama Belén, para empadronarse con
María.

--II--

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das las fuerzas de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como palmera,
y se alzará como cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 José subió de la ciudad de Nazaret a la ciudad
de David que se llama Belén, para empadronarse con
María.

VERSÍCULO

V. El justo floreserá como un lirio.
R. Y se alegrará eternamente ante el Señor.

PRIMERA LECTURA

De la carta a los Hebreos.
11, 1-16

Hermanos: La fe es la firme seguridad de los bienes
que se esperan, la plena convicción de las realidades que
no se ven. A causa de ella fueron alabados nuestros ma-
yores. Por la fe sabemos que el universo fue formado
por la palabra de Dios, de modo que lo visible ha tenido
su origen en una causa invisible.

Por la fe ofreció Abel a Dios un sacrificio más exce-
lente que el de Caín; por ella fue proclamado justo,
dando Dios mismo testimonio a favor de sus ofrendas,
y por la fe continúa hablando aún después de su muerte.

Por la fe fue transladado Henoc sin experimentar la
muerte: "No fue hallado más, porque Dios se lo llevó."
Pero antes de ser transladado se da testimonio en su fa-
vor de que "había sido grato a Dios". Ahora bien, sin la
fe es imposible agradar a Dios, pues el que se acerca a
Dios debe creer que existe y que es remunerador de
los que lo buscan.

Por la fe, movido de religioso temor, Noé fabricó el
arca para salvar a su familia, advertido por Dios de lo
que aún no se veía venir; e, igualmente por la fe, con-
dená al mundo y se hizo heredero de la justificación que
se alcanza por la fe.

Por la fe obedeció Abraham al ser llamado por Dios,
saliendo hacia la tierra que había de recibir en heren-
cia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe peregrinó
por la tierra prometida, como en tierra extraña, habi-
tando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de las
mismas promesas, pues esperaba entrar en esa ciudad
de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es
el mismo Dios.

Por la fe la misma Sara, a pesar de su avanzada edad,
recibió el poder de ser madre, pues tuvo fe en aquel que
se lo había prometido. Y, por esto mismo, de un solo
hombre, ya incapaz de transmitir vida, nacieron hi-
jos, "numerosos como las estrellas del cielo, incontables
como las arenas del mar".

En la fe murieron todos ellos, sin haber alcanzado la
realización de las promesas, pero las vieron desde lejos
y las saludaron, reconociendo que eran "forasteros y
peregrinos sobre la tierra". En verdad que quienes así
se expresan dan a entender claramente que van en busca
de una patria, pues, si hubiesen pensado en aquella de
la que había salido, ocasiones tuvieron para volver a
ella. Pero ellos aspiraban a una patria mejor, es decir,
a la celestial. Por eso Dios no se desdeña de llamarse
su Dios, pues le tenía ya preparada una ciudad.

Responsorio

R. No lo hizo vacilar la incredulidad ante la promesa
de Dios, sino que fortalecido por la fe, dio gloria
a Dios; por lo cual Dios se lo tomó como justifi-
cación.

V. La fe cooperaba con sus obras, y por sus obras su
fe alcanzó la plenitud.

R. Por lo cual Dios se lo tomó como justificación.

SEGUNDA LECTURA

De los Sermones de san Bernardino de Siena, presbítero.

Es norma general de todas las gracias especiales co-
municadas a cualquier creatura racional que, cuando la
gracia divina elige a alguien para algún oficio especial o
algún estado muy elevado, otorga todos los carismas que
son necesarios a aquella persona así elegida, y que la
adornan con profusión.

Ello se realizó de un modo eminente en la persona de
san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor
Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del
mundo y Señora de los ángeles, que fue elegido por el
Padre eterno como fiel cuidador y guardián de sus más
preciados tesoros, a saber, de su Hijo y de su esposa;
cargo que él cumplió con absoluta fidelidad. Por esto el
Señor le dice: Bien siervo bueno y fiel, pasa al banquete
de tu Señor.

Si miramos la relación que tiene José con toda la
Iglesia, ¿no es éste el hombre especialmente elegido, por
el cual y bajo el cual Cristo fue introducido en el mun-
do de un modo regular y honesto? Por tanto, si toda la
Iglesia está en deuda con la Virgen Madre, ya que por
medio de ella recibió a Cristo, de modo semejante le
debe a san José, después de ella, una especial gratitud
y reverencia.

Él, en efecto, cierra el antiguo Testamento, ya que
en él la dignidad patrialcal y profética alcanza el fruto
prometido. Además, él es el único que poseyó corporal-
mente lo que la condescendencia divina había prome-
tido a los patriarcas y a los profetas.

Hemos de suponer, sin duda alguna, que aquella
misma familiaridad, respeto y altísima dignidad que
Cristo tributó a José mientras vivía aquí en la tierra,
como un hijo con su padre, no se la ha negado en el
cielo; al contrario, la ha colmado y consumado.

Por esto, no sin razón añade el Señor: Pasa al ban-
quete de tu Señor. Pues, aunque el gozo festivo de la
felicidad eterna entra en el corazón del hombre, el Se-
ñor profirió decirle: Pasa al banquete, para insinuar
de un modo misterioso que este gozo festivo no sólo se
halla dentro de él, sino que lo rodea y absorbe por to-
das partes, y que está sumergido en él como en un
abismo profundo.

Acuérdate, pues, de nosotros, bienaventurado José, e
intercede con tus oraciones ante tu Hijo; haz también
que sea propicia a nosotros la santísima Virgen, tu es-
posa, que es madre de aque que con el Padre y el Es-
píritu Santo vive y reina por los siglos infinitos. Amén.

Responsorio

R. Dios me contituyó como padre del rey y como se-
ñor de toda su casa; me elevó para hacer llegar
la salvación a muchos pueblos.

V. El Señor ha sido el auxilio y refugio que me ha
salvado.

R. Me elevó para hacer llegar la salvación a muchos
pueblos.

HIMNO FINAL

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.

Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:

Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

A ti la Iglesia santa,
por los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:

Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y de consuelo.

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.

Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.

Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.

Tú vendrás algún día,
como juez universal.

Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.

Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos elegidos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Sé su pastor,
y guíalos por siempre.

Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

A ti, Señor me acojo,
no quede yo nunca defraudado.

ORACIÓN.

Oremos:
Dios todopoderoso, que, en los albores del nuevo
Testamento, encomendaste a san José los misterios
de nuestra salvación, haz que ahora tu Iglesia, soste-
nida por la intercesión del esposo de María, lleve a
su pleno cumplimieto la obra de la salvación de los
hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. Bendigamos al Señor.
R, Demos gracias a Dios.

Saturday, 24 November 2018

Devoción de los 30 días a San José



Devoción de los 30 días a San José

La práctica de esta devoción a San José es bien sencilla.

 Sólo se requiere rezar la oración disponible a continuación durante 30 días seguidos, de preferencia frente una imagen o altar del Santo y comulgando los días miércoles la duración de la treintena.

 Puede rezarse también en casa.

¡Oh amabilísimo Patriarca, Señor San José! Desde el abismo de mi pequeñez, dolor y ansiedad, os contemplo con emoción y alegría de mi alma en vuestro solio del cielo, como gloria y gozo de los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes, amparador de los desvalidos, gozo y amor de tus devotos ante el trono de Dios, de tu Jesús y de tu santa Esposa.

Por eso yo, pobre, desvalido, triste y necesitado, a Vos dirijo hoy y siempre mis lágrimas y penas, mis ruegos y clamores del alma, mis arrepentimientos y mis esperanzas; y hoy especialmente os traigo ante vuestro altar y vuestra imagen una pena que consoléis, un mal que remediéis, una desgracia que impidáis, una necesidad que socorráis, una gracia que obtengáis para mí y para mis seres queridos.


Y para conmoveros y obligaros a oírme y conseguírmelo, os lo pediré y demandaré durante treinta días continuos en reverencia a los treinta años que vivisteis en la tierra con Jesús y María, y os lo pediré, urgente y confiadamente, invocando todos los títulos que tenéis para compadeceros de mí y todos los motivos que tengo para esperar que no dilataréis el oír mi petición y remediar mi necesidad; siendo tan cierta mi fe en vuestra bondad y poder, que al sentirla os sentiréis también obligado a obtener y darme más aún de lo que os pido, y deseo.

1.- Os lo pido por la bondad divina que obligó al Verbo Eterno a encarnarse y nacer en la pobre naturaleza humana, como Dios de Dios, Dios Hombre, Dios del Hombre, Dios con el Hombre.

2.- Os lo suplico por vuestra ansiedad de sentiros obligado a abandonar a vuestra santa Esposa, dejándola sola, y yendo solo sin ella.

3.- Os lo ruego por vuestra resignación dolorosísima para buscar un establo y un pesebre para palacio y cuna de Dios, nacido entre los hombres, que le obligan a nacer entre animales.

4.- Os lo imploro por la dolorosísima y humillante circuncisión de vuestro Jesús, y por el santo y dulcísimo nombre que le impusisteis por orden del Eterno para consuelo, amor y esperanza nuestra.

5.- Os lo demando por vuestro sobresalto al oír del Angel la muerte decretada contra vuestro Hijo Dios, por vuestra obedentísima huida a Egipto, por las penalidades y peligros del camino, por la pobreza del destierro, y por vuestras ansiedades al volver de Egipto a Nazaret.

6.- Os lo pido por vuestra aflicción dolorosa de tres días al perder a vuestro Hijo, y por vuestra consolación suavísima al encontrarle en el templo; por vuestra felicidad inefable de los treinta años que vivisteis en Nazaret con Jesús y María sujetos a vuestra autoridad y providencia.

7.- Os lo ruego y espero por el heroico sacrificio, con que ofrecisteis la víctima de vuestro Jesús al Dios Eterno para la cruz y para la muerte por nuestros pecados y nuestra redención.



8.- Os lo demando por la dolorosa previsión, que os hacía todos los días contemplar aquellas manos infantiles, taladradas un día en la Cruz por agudos clavos; aquella cabeza que se reclinaba dulcísimamente sobre vuestro pecho, coronada de espinas; aquel cuerpo divino que estrechabais contra vuestro corazón, ensangrentado y extendido sobre los brazos de la Cruz; aquel último momento en que le veíais expirar y morir por mí, por mi alma, por mis pecados.

9.- Os lo pido por vuestro dulcísimo tránsito de esta vida en los brazos de Jesús y María. y vuestra entrada en el Limbo de los Justos en el cielo, donde tenéis vuestro trono de poder.

10.- Os lo suplico por vuestro gozo y vuestra gloria, cuando contemplasteis la Resurrección de vuestro Jesús, su subida y entrada en los cielos y su trono de Rey inmortal de los siglos.

11.- Os lo demando por vuestra dicha inefable cuando visteis salir del sepulcro a vuestra santísima Esposa, resucitada, y ser subida a los cielos por ángeles, y coronada por el Eterno, y entronizada en un solio junto al vuestro como Madre, Señora y Reina de los ángeles y hombres.

12.- Os lo pido y ruego y espero confiadamente por vuestros trabajos, penalidades y sacrificios en la tierra, y por vuestros triunfos y gloria feliz bienaventuranza en el Cielo con vuestro Hijo Jesús y vuestra esposa Santa María.

¡Oh mi buen San José! Yo, inspirado en las enseñanzas de la Iglesia Santa y de sus Doctores y Teólogos y en el sentido universal del pueblo cristiano, siento en mí una fuerza que me alienta y obliga a pediros y suplicaros y esperar me obtengáis ,de Dios la grande y extraordinaria gracia que voy a poner ante este tu altar e imagen y ante tu trono de bondad y poder en el Cielo: la espero, Santo Patriarca.

(Aquí, levantado el corazón a lo alto, se le pedirá al Santo con amorosa instancia la gracia que se desea.)

Consagración diaria a San José



Oh Glorioso Patriarca San José, heme aquí,postrado de rodillas ante vuestra presencia,para pediros vuestra protección.

Desde ya os elijo como a mi padre, protector y guía.

Bajo vuestro amparo pongo mi cuerpo y mi alma,propiedad, vida y salud.


Aceptadme como hijo vuestro.
Preservadme de todos los peligros,
asechanzas y lazos del enemigo.

Asistidme en todo momento y ante todo
en la hora de mi muerte.
Amén.

ORACION DIARIA A SAN JOSE



¡Glorioso Patriarca San José!, animado de una gran confianza en vuestro gran valimiento, a Vos acudo para que seáis mi protector durante los días de mi destierro en este valle de lágrimas.

Vuestra altísima dignidad de Padre putativo de mi amante Jesús, hace que nada se os niegue de cuanto pidáis en el cielo. Sed mi abogado, especialísimamente en la hora de mi muerte, y alcanzadme la gracia de que mi alma, cuando se desprenda de la carne, vaya a descansar en las manos del Señor.

Amén.



Jaculatoria
Bondadoso San José, Esposo de María, protegednos; defended a la Iglesia y al Sumo Pontífice y amparad a mis parientes, amigos y bienhechores.

San José para Santa Teresa

Y tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y pérdida de alma este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle...

                San Jose 69

Santa Teresa de Jesús, se encomendó a san José, es así como ella habla mucho de el, y fue gran devota de este Santo.

Esta es una selección de párrafos escrito Santa Teresa.

SOBRE SAN JOSE

1.- Y tomé por abogado y señor al glorioso san José y me encomendé mucho a él. Vi claro que, tanto de esta necesidad como de otras mayores, de perder la fama y el alma, este padre y señor mío me libró mejor de lo que yo lo sabía pedir. No me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido (V 6,6).

Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, y de los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece que les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; pero a este glorioso santo tengo experiencia de que socorre en todas, y quiere el Señor darnos a entender, que así como le estuvo sometido en la tierra, pues como tenía nombre de padre, siendo custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide.

2.- Y esto lo han comprobado algunas personas, a quienes yo decía que se encomendasen a él, también por experiencia; y aun hay muchas que han comenzado a tenerle devoción, habiendo experimentado esta verdad (V 6, 6)

3.- Procuraba yo celebrar su fiesta con toda la solemnidad que podía, más llena de vanidad que de espíritu, queriendo que se hiciese bien y con muchos detalles, aunque con buena intención (V 6, 7).

4.- Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido a nadie que le tenga verdadera devoción y le haga particulares servicios, que no lo vea más aprovechado en la virtud; pues ayuda mucho a las almas que a él se encomiendan (V 6, 7).

5.- Creo que ya hace algunos años que el día de su fiesta le pido una cosa y siempre la veo cumplida; si la petición va algo torcida, él la endereza para más bien mío (V 6, 7).

6.- Quien no hallare maestro que le enseñe a orar, tome a este glorioso Santo por maestro y no errará el camino. No quiera el Señor que haya yo errado atreviéndome a hablar de él; porque aunque publico que soy devota suya, en servirle y en imitarle siempre he fallado. Pues él hizo, como quien es, que yo pudiera levantarme y no estar tullida; y yo, como quien soy, usando mal de esta merced (V 6, 8).

6.- No me hartaba de dar gracias a Dios y al glorioso Padre mío san José, que me pareció que él lo había traído, porque fray Pedro era Comisario General de la Custodia de san José, a quien me encomendaba mucho, y a nuestra Señora (V 3, 7).

7.- Un día, después de comulgar, Su Majestad me mandó con mucha insistencia que lo intentara con todas mis fuerzas, y me hizo grandes promesas de que se haría el monasterio, y que Dios se glorificaría mucho en él, y que su título fuese de san José, que él nos ampararía en una puerta y nuestra Señora en la otra (V 32, 11).

8.- Una vez estaba en un apuro del que no sabía cómo salir, pues no tenía dinero para pagar a unos albañiles, y se me apareció san José, mi verdadero padre y señor, y me dijo que no faltaría dinero y que los contratara; y así lo hice, sin un céntimo. Y el Señor de modo maravilloso que asombraba a los que lo oían, me proveyó (V 33, 12).

9.- Al glorioso san José no vi con tanta claridad, aunque vi muy bien que estaba allí, como en las visiones que he dicho que no se ven (V 33, 15).

10.- Mas ¡ay, hijas!, encomiéndenme a Dios y sean devotas de san José, que puede mucho (Cc 28ª).

11.- Ya entonces yo oraba mucho a nuestro Señor, suplicándole que no me fuese sin dejarles casa (en Sevilla), y hacía que las hermanas se lo pidiesen y al glorioso san José, y hacíamos muchas procesiones (F 25, 3).

12.- Las hermanas habían pedido mucho a san José que para su día tuviese casa (en Burgos), y sin pensar que la tendrían tan pronto, se lo cumplió (F 31, 36).

13.- Los días primeros de pascua, u otros días de solemnidad, podrán cantar Laudes, en especial el día del glorioso de san José (Const 1, 3).

14.- Aunque tenga muchos santos por abogados, tengan particularmente a san José, que alcanza mucho de Dios (Av 65).


Santa Teresa de Jesús fue la verdadera promotora de la devoción a san José

Los textos del capítulo VI del Libro de la Vida de santa Teresa sobre san José han tenido "una influencia incomparable en la historia de la piedad cristiana", como dice Canals, que añade que con estos textos Santa Teresa "marca el comienzo de una nueva época en la historia de la Iglesia". De estos textos parte la costumbre, antes inexistente, de poner el nombre de José y de Josefa a los hijos como indicador de la universalización de esta devoción y patrocinio (Francisco Canals Vidal: San José en la fe de la Iglesia, pág., 90).

Selección de textos de Santa Teresa sobre san José del Libro de la Vida de santa Teresa (capítulo 6, números 6, 7 y 8):

«Y tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y pérdida de alma este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra que como tenía el nombre de padre, siendo ayo, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide».

«Esto han visto otras algunas personas, a quien yo decía se encomendasen a él, también por experiencia; y aun hay muchas que le son devotas de nuevo, experimentando esta verdad».

«Procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía, más llena de vanidad que de espíritu, queriendo se hiciese muy curiosamente y bien, aunque con buen intento. Mas esto tenía malo, si algún bien el Señor me daba gracia que hiciese, que era lleno de imperfecciones y con muchas faltas. Para el mal y curiosidad y vanidad tenía gran maña y diligencia. El Señor me perdone».

«Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso Santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud; porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan. Paréceme ha algunos años que cada año en su día le pido una cosa, y siempre la veo cumplida. Si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío».

«Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir muy por menudo las mercedes que ha hecho este glorioso Santo a mí y a otras personas; mas por no hacer más de lo que me mandaron, en muchas cosas seré corta más de lo que quisiera, en otras más larga que era menester; en fin, como quien en todo lo bueno tiene poca discreción. Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial, personas de oración siempre le habían de ser aficionadas; que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro y no errará en el camino. Plega al Señor no haya yo errado en atreverme a hablar en él [hablar de él]; porque aunque publico serle devota, en los servicios y en imitarle siempre he faltado».

«Pues él hizo como quien es en hacer de manera que pudiese levantarme y andar y no estar tullida; y yo como quien soy, en usar mal de esta merced».
Libro de la Vida de santa Teresa (capítulo 6, números 6, 7 y 8)

Otros textos de Santa Teresa sobre san José
(Copiados de una versión traducida al castellano actual).

Un día, después de comulgar, Su Majestad me mandó con mucha insistencia que lo intentara con todas mis fuerzas, y me hizo grandes promesas de que se haría el monasterio, y que Dios se glorificaría mucho en él, y que su título fuese de san José, que él nos ampararía en una puerta y nuestra Señora en la otra (V 32, 11).

Una vez estaba en un apuro del que no sabía cómo salir, pues no tenía dinero para pagar a unos albañiles, y se me apareció san José, mi verdadero padre y señor, y me dijo que no faltaría dinero y que los contratara; y así lo hice, sin un céntimo. Y el Señor de modo maravilloso que asombraba a los que lo oían, me proveyó (V 33, 12).

Al glorioso san José no vi con tanta claridad, aunque vi muy bien que estaba allí, como en las visiones que he dicho que no se ven (V 33, 15).

Mas ¡ay, hijas!, encomiéndenme a Dios y sean devotas de san José, que puede mucho (Cc 28ª).

Ya entonces yo oraba mucho a nuestro Señor, suplicándole que no me fuese sin dejarles casa (en Sevilla), y hacía que las hermanas se lo pidiesen y al glorioso san José, y hacíamos muchas procesiones (F 25, 3).

Las hermanas habían pedido mucho a san José que para su día tuviese casa (en Burgos), y sin pensar que la tendrían tan pronto, se lo cumplió (F 31, 36).

Los días primeros de pascua, u otros días de solemnidad, podrán cantar Laudes, en especial el día del glorioso de san José (Const 1, 3).

Aunque tenga muchos santos por abogados, tengan particularmente a san José, que alcanza mucho de Dios (Av 65).

De Portal Carmelitano

ROSARIO A SAN JOSÉ

San Jose (6)
+ Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 

Oración: Oh San José, que con amor trabajaste la madera para en esta vida, vida pasajera, a tu familia el pan de cada día proveer; Oh San José, ahora en el cielo con Cristo, que extendido en el madero en el que vida  eterna al hombre dio, enséñanos a reconocer en el quehacer de cada día el camino hacia Dios. 

1-Por el tiempo que a María esperaste, danos la virtud para en silencio pacientemente esperar, esto es danos la paz.

Padrenuestro, cinco Avemarías, un Gloria y la jaculatoria:

Amado San José haz crecer en mí la fe, que en ella buscaré, la esperanza y caridad.

2-Por aceptar en castidad para María desposar, danos la virtud para vivir en pureza y castidad.

Padrenuestro, cinco Avemarías, un Gloria y la jaculatoria:

Amado San José haz crecer en mí la fe, que en ella buscaré, la esperanza y caridad.


3-Por aceptar la paternidad de Jesús, danos la virtud para sólo hacer la voluntad de Dios.

Padrenuestro, cinco Avemarías, un Gloria y la jaculatoria:

Amado San José haz crecer en mí la fe, que en ella buscaré, la esperanza y caridad.


4-Por el día que todo dejaste para tu Hijo salvar, danos la virtud para cumplir lo que Dios pida y vivir, como Tú, en santa obediencia.

Padrenuestro, cinco Avemarías, un Gloria y la jaculatoria:

Amado San José haz crecer en mí la fe, que en ella buscaré, la esperanza y caridad.


5-Por el día que tu Hijo encontraste hablando con sabiduría y callaste, danos la virtud de callar y aprender a escuchar al que en nombre de Dios habla.  

Padrenuestro, cinco Avemarías, un Gloria y la jaculatoria:

Amado San José haz crecer en mí la fe, que en ella buscaré, la esperanza y caridad.


Oración: Tú, San José, patrono de las familias, protector de la Iglesia, defensor de la niñez y fiel guardián de las madres, ayúdanos para recibir la gracia y alcanzar así las virtudes gloriosas de tu corazón en la castidad, en la prudencia, en la justicia y en la humildad. Amén. 

Para terminar:

 Oración por el Santo Padre para que nos conduzca al triunfo del Inmaculado Corazón de María y del Sagrado Corazón de Jesús:

Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén