Quien acude a San
José, garantiza que su oración confiada sea entregada a María y al Hijo de Dios
mismo, como bien lo recuerda San Josemaría Escrivá de Balaguer en su libro
"Forja":
"Quiere mucho a
San José, quiérele con toda tu alma, porque es la persona que, con Jesús, más
ha amado a Santa María y el que más ha tratado a Dos: el que más ha amado,
después de nuestra Madre - Se merece tu cariño, y te conviene tratarle, porque
es Maestro de la vida interior, y puede mucho ante el Señor y ante la Madre de
Dios".
No en vano el Papa Pío
IX, cuando la Iglesia pasaba por tiempos difíciles, confió su protección a este
gran patriarca declarándolo "Patrono de la Iglesia Católica", como
nos lo recuerda San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica ‘Redemptoris
Custos', sobre la figura y misión de San José en la Vida de Cristo y de la
Iglesia: "El Pontífice sabía que no se trataba de un gesto peregrino,
pues, a causa de la excelsa dignidad concedida por Dios a este su siervo fiel,
‘la Iglesia, después de la Virgen Santa, su esposa, tuvo siempre en gran honor
y colmó de alabanzas al bienaventurado José, y a él recurrió sin cesar en las
angustias'".
Por estas grandes
virtudes y cercanía que tuvo San José a Jesús y
María, es que Santa
Teresa de Ávila le tenía gran devoción,
recomendando orarle a
quien tuvo el gran privilegio y dignidad de ser
el custodio en la
tierra del Hijo de Dios: "No me acuerdo hasta ahora
haberle suplicado cosa
que la haya dejado de hacer. Es cosa que
espanta las grandes
mercedes que me ha hecho Dios por medio de
este bienaventurado
santo, de los peligros que me ha librado, así del
cuerpo como del alma;
que a otros santos parece des dio el Señor la
gracia para correr en
una necesidad; a este glorioso santo, tengo
experiencia que
socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a
entender, que así como
le fue sujeto en la tierra (...), así en el Cielo
hace cuánto le
pide".
Otro Pontífice, el
Papa León XIII, le dedicó una hermosa oración:
"A ti, bienaventurado san José, acudimos
en nuestra tribulación, y después de implorar el
auxilio de tu santísima esposa, solicitamos
también confiadamente
tu patrocinio.
Con aquella caridad que te tuvo unido con la
Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y por el paterno amor con que
abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas
benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió
Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.
Protege,
oh providentísimo Custodio de la divina Familia, la escogida
descendencia de Jesucristo; aleja de nosotros, oh padre amantísimo, este
flagelo de errores y vicios.
Asístenos propicio desde el cielo, en
esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo
libraste de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, así ahora
defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda
adversidad.
Y a cada uno de nosotros protégenos con tu constante
patrocinio, para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio,
podamos vivir y morir santamente y alcanzar en los cielos la eterna
bienaventuranza. Amén".
Letanías a San José
Señor, ten
misericordia de nosotros.
Cristo, ten
misericordia de nosotros.
Señor, ten
misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor
del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un
solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa María, ruega por
nosotros.
San José, ruega por
nosotros.
Ilustre descendiente
de David, ruega por nosotros.
Luz de los Patriarcas,
ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de
Dios, ruega por nosotros.
Casto guardián de la
Virgen, ruega por nosotros.
Padre nutricio del
Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Celoso defensor de
Cristo, ruega por nosotros.
Jefe de la Sagrada
Familia, ruega por nosotros.
José, justísimo, ruega
por nosotros.
José, castísimo, ruega
por nosotros.
José, prudentísimo,
ruega por nosotros.
José, valentísimo,
ruega por nosotros.
José, fidelísimo,
ruega por nosotros.
Espejo de paciencia,
ruega por nosotros.
Amante de la pobreza,
ruega por nosotros.
Modelo de
trabajadores, ruega por nosotros.
Gloria de la vida
doméstica, ruega por nosotros.
Custodio de Vírgenes,
ruega por nosotros.
Sostén de las
familias, ruega por nosotros.
Consuelo de los
desgraciados, ruega por nosotros.
Esperanza de los
enfermos, ruega por nosotros.
Patrón de los
moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los
demonios, ruega por nosotros.
Protector de la Santa
Iglesia, ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que
quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que
quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor,
Cordero de Dios, que
quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.
V.- Le estableció
señor de su casa.
R.- Y jefe de toda su
hacienda.
Oremos: Oh Dios, que
en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de tu
Santísima Madre:
concédenos, te
rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como
protector en la tierra. Tú
que vives y reinas por
los siglos de los siglos. Amén
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